razon contra corazon

Hermanos inseparables, compañeros, cómplices, amigos con derecho a roce, roce sin amigos, amor sin limites, odio sin fronteras, siempre juntos, apoyándose uno en el otro, otro en el uno hasta que llego lo que todos esperaban.

Las cosas entre ellos no venían bien, no se si fue el exceso de calor, la lluvia que no cesaba, las hormonas revolucionadas del verano o simplemente la susceptibilidad de cada uno que el día de hoy, por primera vez en la historia de esta unión, tomaron caminos diferentes. “¿Hacia dónde vas tu?” le pregunto uno al otro, “Justo hacia al otro lado de done tu vas” le contestó.

Así fue cómo se dieron la espalda y como cual batida a duelo cada cual siguió por el sendero elegido, pateando piedritas que encontraban en el camino, pateando latas de bebida, mirando atentamente la calle que transitaba, sin ganas de arribar a ningún sitio, solo alejarse por un rato de ese amigo que se había convertido en ajeno, desconocido.

De tanto mirar para abajo el más pensativo de ellos se topó con una redonda, brillante y dorada moneda, sus ojos se iluminaron y en su cara se esbozó una sonrisa. Las ganas de correr tras su amigo y compartir con él el tesoro hallado lo desbordaba, lo invadía. Al recordar lo sucedido la sonrisa se le esfumo de la cara, comenzó a fruncir el ceño, chocar los dientes y murmurar por lo bajo.

Se cuestionó qué hacer pero finalmente tomó el tesoro y decidió seguir camino solo.Hoy quería estar solo, pensar solo en él, escuchar sólo su voz.Porque en definitiva, su amigo “Deseo” no le había prestado la más mínima atención cuando le dijo “no lo comas”, “te dije que no lo comas”.

Ahora le tocaba a él, decidir sólo, sin Deseo, que camino seguir (aunque sea por ese día)